La cordura y la locura se desencontraron cuando por cuestión de indecisiones, decidieron perderse la una de la otra por siempre y para siempre... Regresan otra vez, así como son, organizaditas y en filita india, a la espera paciente de ser secuencia y consecuencia. erguidas, casi todas, y extraña y paradójicamente en femenino, y claro está, en plural, porque solo recuerdo algunas de ellas como supervivientes exentas de la pluralidad (yo y mi reincidencia sintáctica)...
Ahí estaba precisamente el cuadro perfecto de la sinrazón saboreándose una chupeta de somnífero. El beso, definitivamente el beso marcando el reborde perfecto para una escena que no puede más que recibir la tilde persistente de la cursilería. El beso que se pidió y que se rogó, que casi que se imploró, aún cuando no lo sabías por andar ocupado con esos asuntos de oriente, o de asia menor, o si me atrevo a pensar en la cantidad de cruces taxonómicos, vaya ud a saber de dónde viene aquella que con todo descaro, dada la ventaja que brinda el anonimato, puedo denominar como " tu especimen". Circuitos ilógicos y absurdos, y la hermandad, y los lazos de sangre que no se si recuerdas, son uno más de los imaginarios que a veces nos inventamos (cuando digo nos no eres tú, ni soy yo, somos muchos en temporadas psicóticas) para darle una excusa (o un excusado) a esa inmunda palabrita que se me atora en la glotis con el desparpajo de un cuerpo extraño. Y la indiferencia, y la no indiferencia, que es peor aún que la indiferencia...
Y la guitarra, y el piano, y las voces al unísono que desconocen por completo su situación de simultaneidad... Descarto el papel de observadora.
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